COMENTARIO
La bendición final sitúa este salmo en el contexto del Templo adonde se ha llegado en peregrinación. Allí se reconoce, como sucedía en Sal 124, que el Señor ha salvado al justo —al pueblo— de los impíos (v. 4), y se pide la destrucción de éstos. Quedan recogidas las expresiones de confianza en el Señor y de agradecimiento que subyacen en los salmos anteriores (cfr Sal 124-128).
En la primera parte (vv. 1-4) se recuerda cómo el Señor le salvó al salmista en el pasado de una situación difícil; en la segunda, (vv. 5-8) se desea para el futuro el fracaso de quienes odian a Jerusalén. Cierra el salmo una fórmula de bendición.
La imagen de la espalda flagelada la encontramos también en el libro del profeta Isaías para expresar el sufrimiento voluntariamente aceptado del Siervo del Señor (cfr Is 50,6), y evoca ya los dolores de nuestro Señor Jesucristo en la pasión (cfr Mt 26,67; 27,30 y par.). En la acción de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos rompiendo las coyundas de la muerte (cfr Hch 2,24) podemos ver plenamente cumplido este salmo.