COMENTARIO

 Salmo 132 

Esta oración por el rey se sitúa en la época de la monarquía, antes del destierro, pues, según 2 Cro 6,41-42, Salomón habría pronunciado los vv. 8-10. En realidad pudo ser compuesta para la coronación del rey, cualquiera que fuese (cfr Sal 2; 72; 110). Ahora viene entre los cantos de peregrinación, es decir, como plegaria recitada en el Templo en favor del rey y de Sión en todas las épocas. La estancia en Jerusalén y en el Templo requería tal súplica y tal recuerdo. Quizá su ubicación en este lugar concreto, entre los «cantos de las subidas», esté motivada por entender que en el salmo anterior se aludía a David. En los tiempos en los que ya no había reyes, este salmo alimentaba la esperanza mesiánica de los peregrinantes al Templo.

En la primera parte se pide al Señor por el rey, descendiente de David (vv. 1-10): que se acuerde del juramento que éste hizo (vv. 1-5) y del traslado del arca que llevó a cabo (vv. 6-9), y que, en virtud de ello, proteja a su descendiente (v. 10). En la segunda parte se recogen las promesas hechas por el Señor (vv. 11-18): a David sobre sus descendientes (vv. 11-12), a Sión como lugar de su morada (vv. 13-14), a los fieles que le sirven (vv. 15-16) y al rey mismo, su ungido (vv. 17-18).

Dos veces aparece en este salmo el término «ungido» o Mesías (vv. 10.17) por lo que ha sido considerado uno de los salmos mesiánicos por excelencia, tanto en la exégesis rabínica como en la tradición cristiana. En efecto, en este salmo se habla del «Ungido de Dios» refiriéndose no sólo a David, sino a un descendiente suyo por el que se pide el favor del Señor (v. 10) y al que se considera lámpara o luz en la sucesión dinástica (v. 17). Para la tradición cristiana el salmo se ha cumplido en Jesucristo, el Hijo de David, reivindicado por Dios mediante su resurrección de entre los muertos (cfr Rm 1,3-4), y constituido lámpara o luz para todas las gentes (cfr Lc 1,9; 2,32).

Volver a Salmo 132