COMENTARIO

 Sal 133,1 

«Convivir los hermanos» tiene el sentido de reunirse y sentarse juntos para la celebración festiva. Puede referirse a los familiares o a los miembros del pueblo. La tradición cristiana ha aplicado estas palabras a los fieles en la Iglesia: «Ved qué dulzura y qué delicia, convivir los hermanos unidos. Ciertamente, qué dulzura, qué delicia cuando los hermanos conviven unidos, porque esta convivencia es fruto de la asamblea eclesial; se los llama hermanos porque la caridad los hace concordes en un solo querer. Leemos que, ya desde los orígenes de la predicación apostólica, se observaba esta norma tan importante: en el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo. Tal, en efecto, debe ser el pueblo de Dios: todos hermanos bajo un mismo Padre, todos una sola cosa bajo un solo Espíritu, todos concurriendo a una misma casa de oración, todos miembros de un mismo cuerpo que es único» (S. Hilario de Poitiers, Tractatus super Psalmos 132).

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