COMENTARIO

 Salmo 134 

En este breve salmo —el más corto de los «cantos de las subidas» y, a excepción de Sal 117, de todo el libro— se desarrolla la bendición con la que concluía el salmo anterior (cfr Sal 133,3b). Recoge la despedida que pronunciaban los que abandonaban el Templo tras el servicio de la tarde (vv. 1-2), y las palabras de los sacerdotes o levitas que permanecían allí durante la noche (v. 3). De ahí que haya sido colocado al final de los «cantos de las subidas» y como su conclusión (cfr Sal 120-134). Por su brevedad y su carácter de alabanza conclusiva se parece a Sal 117.

La primera parte (vv. 1-2) va dirigida a los servidores del Templo animándoles a continuar la alabanza durante la noche; la segunda, a los fieles en general deseándoles la bendición del Señor (v. 3).

La bendición a Dios que en este salmo se pide que hagan los siervos del Señor, la realizó plenamente nuestro Señor Jesucristo cuando dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños» (Mt 11,25). Por Él, además, llegan al hombre todas las bendiciones divinas (cfr Ef 1,3).

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