COMENTARIO
La bendición sobre los fieles pronunciada por el sacerdote o levita recuerda la que habían de decir los hijos de Aarón según Nm 6,24, aunque ahora se resalta la presencia de Dios en el Templo y su identidad con el Dios creador.
«Bendecir es una acción divina que da la vida y cuya fuente es el Padre. Su bendición es a la vez palabra y don (“bene–dictio”, “eu–logia”). (…) Desde el comienzo y hasta la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición. Desde el poema litúrgico de la primera creación hasta los cánticos de la Jerusalén celestial, los autores inspirados anuncian el designio de salvación como una inmensa bendición divina» (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1078-1079).