COMENTARIO

 Sal 138,7-8 

Como necesitado, humilde y perseguido, el salmista confiesa su confianza en el Señor y en sus designios porque Él es fiel. Si ha sido Dios quien le ha creado, no puede abandonarle.

Apoyándose en las palabras del v. 1, la Iglesia emplea este salmo en la liturgia de la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael y en la de los Ángeles Custodios (antífona de comunión). Se convierte así en un estímulo para alabar a Dios correspondiendo a los cuidados de sus mensajeros: «Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes. Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados» (S. Bernardo, Sermones de tempore 12,7).

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