COMENTARIO

 Sal 139,13-18 

Dios interviene asimismo en la vida entera del hombre: en su concepción (v. 13) y en los bienes que recibe a lo largo de su existencia. El salmista es bien consciente de ello (v. 14), y lo explica proclamando de nuevo la omnisciencia divina (vv. 15-16). Las expresiones poéticas del v. 15 para indicar el origen del hombre en el seno materno —«en secreto», «lo profundo de la tierra»— asumen la consideración de que el hombre viene de la tierra y vuelve a la tierra (cfr Gn 2,7); en otros lugares indican el lugar de los muertos adonde irá el hombre al final de sus días (cfr Sal 63,10; Jb 14,13; etc.). El Señor conoce también y lleva cuenta de esos días (v. 16). Para el hombre, en cambio, se trata de un misterio que sobrepasa sus posibilidades de comprensión (vv. 17-18). San Clemente Romano comentando las palabras de este salmo escribía: «Siendo así que todo está presente ante Él y que Él todo lo contempla, tengamos temor de ofenderlo y apartémonos de todo deseo impuro de malas acciones, a fin de que su misericordia nos defienda en el día del juicio. Porque ¿quién de nosotros podría huir de su poderosa mano? ¿Qué mundo podría acoger a un desertor de Dios? (…) ¿En qué lugar, pues, podría alguien refugiarse para escapar de aquel que lo envuelve todo? Acerquémonos, por tanto, al Señor con un alma santificada, levantando hacia Él nuestras manos puras e incontaminadas; amemos con todas nuestras fuerzas al que es nuestro Padre, amante y misericordioso, y que ha hecho de nosotros su pueblo de elección» (Ad Corinthios 27,1-29,5).

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