COMENTARIO
La súplica de liberación contenida en este salmo se encuentra ya incoada en el anterior (cfr Sal 139,19-20); pero ahora se describen con más detalle las acciones de los impíos, hombres sanguinarios y violentos (Sal 140,2-6; cfr 139,19), y se ve en su soberbia (cfr Sal 140,9) la causa del odio que tenían a Dios (Sal 139,21). Antes se pedía la desaparición de los malvados (cfr Sal 139,19), y ahora se les desea un castigo divino (Sal 140,11). En el grupo de salmos de David del que forma parte (cfr Sal 138-145), el salmo 140 recoge los sentimientos de un hombre perseguido por sus enemigos (cfr Sal 58; 64).
Comienza con dos peticiones de salvación (vv. 2-6): una frente a los que proyectan el mal (vv. 2-4); otra, frente a los que lo realizan (vv. 5-6). Para apoyar la súplica se expresa la confianza en el Señor (vv. 7-9) y se manifiestan los deseos frente a los malvados (vv. 10-12). Concluye con la proclamación de que el Señor salva al humilde y al justo (vv. 13-14).
Una vez más podemos entender que este salmo se cumple en nuestro Señor Jesucristo. Él elevó desde la cruz súplicas similares a las contenidas en esta oración (cfr vv. 7-9) y fue escuchado (cfr vv. 13-14). Pero, a diferencia del salmista, pidió el perdón para sus verdugos.