COMENTARIO
Como si fuera un levita, el orante tiene al Señor como su único bien —«heredad»— en la tierra —«país de los vivientes»— (cfr Nm 18,20; Sal 16,2). Por eso recurre a Él para que lo libre pues por sí mismo no tiene fuerza (v. 7); su vida está amenazada y sin salida y pide seguir viviendo para poder dar gracias al Señor (v. 8).