COMENTARIO

 Salmo 143 

Como en el salmo anterior la súplica es elevada al Señor cuando el espíritu del salmista desfallece (cfr Sal 142,4; 143,4). Ahora porque, además de solo (cfr 142,3), se ve perseguido a muerte por sus enemigos (143,3). Quizá por resaltar estos aspectos, en los Setenta es atribuido a David cuando era perseguido por su hijo Absalón (cfr 2 S 15,13-14).

Tiene dos partes: en la primera (vv. 1-6) se pide al Señor que escuche (vv. 1-2) y se le presenta la situación del orante (vv. 3-6); en la segunda, se le pide que responda, que libre al salmista de los enemigos y le dé a conocer sus caminos guiándole por ellos (vv. 7-10). Concluye apelando al Nombre y a la misericordia del Señor (vv. 11-12). El salmista se apoya de principio a fin en la justicia y en la fidelidad de Dios (vv. 1.11) y se presenta ante Él como su «siervo» (vv. 2.12).

La petición que da fuerza a este salmo, ser guiado por el espíritu de Dios (v. 10), culmina en la oración del cristiano cuando éste pide a Dios el Espíritu Santo y sus dones. Jesús prometió a sus discípulos que el Espíritu de la Verdad les guiaría a la verdad completa (cfr Jn 16,13), y San Pablo enseña que «los que son guiados por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios» (Rm 8,14).

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