COMENTARIO
Es un reinado de justicia (v. 17) en cuanto que responde con bondad y salvación a quienes le invocan y le aman, y deja perecer a quienes le odian —«destruye a los impíos»— (v. 20). De estas palabras puede sacarse una lección sobre cómo se ha de orar: «Para alcanzar las peticiones que tenemos en nuestro corazón, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra oración en aquella cosa que es más gusto de Dios; porque entonces no sólo dará lo que le pedimos, que es la salvación, sino aun lo que Él ve que nos conviene y nos es bueno, aunque no se lo pidamos, según lo da bien a entender David en un salmo (144,18), diciendo: Cerca está el Señor de los que le llaman en la verdad, que le piden las cosas que son de más altas veras, como son las de la salvación; porque de éstos dice luego (Sal 144,19): La voluntad de los que le temen cumplirá, y sus ruegos oirá, y salvarlos ha. Porque es Dios guarda de los que bien le quieren. Y así, este estar tan cerca que aquí dice David, no es otra cosa que estar a satisfacerlos y concederlos aun lo que no les pasa por pensamiento pedir» (S. Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo 3,44,2).