COMENTARIO

 Salmo 150 

Este salmo hace de conclusión a la quinta parte del libro de los Salmos (cfr Sal 41,14; 72,18-19; 89,52; 106,48) y, al mismo tiempo, a todo el libro. Su inserción conclusiva viene preparada por el grupo de salmos que componen el Hallel final (cfr Sal 146-149).

En forma de invitaciones a la alabanza dice primero a quién se alaba y dónde (v. 1); después, la motivación (v. 2); a continuación, la forma de hacerlo (vv. 3-5); y, finalmente, el sujeto que la realiza (v. 6). La mención de «Dios» (v. 1) y de «el Señor» (v. 6) sirven de apertura y conclusión al himno.

Al rezar este salmo el cristiano enriquece su sentido considerando la definitiva intervención salvífica de Dios en la historia mediante Jesucristo, y es invitado a permanecer siempre en actitud de alabanza a Dios. El cristiano eleva su alabanza unido a Cristo, verdadero «Santuario» (v. 1), meditando su palabra, la Ley nueva, día y noche (cfr Sal 1,2): «Que la palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente. Enseñaos con la verdadera sabiduría, animaos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando agradecidos en vuestros corazones» (Col 3,16).

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