COMENTARIO

 Pr 1,1-7 

La referencia a Salomón al principio del libro se debe a que Salomón aparece en la Sagrada Escritura como prototipo de rey sabio (cfr 1 R 3,11-28; 5,9-14; 10,1-9) y a él se hace remontar el origen de la sabiduría, aunque ésta sea expresada por distintos maestros. De hecho a lo largo de la obra se recogerán proverbios de muy diversa procedencia: unos atribuidos a Salomón (10,1-22,16; 25,1-29,27) y otros a los sabios (22,17-24,34), a Agur (30,1-14) o a Lemuel (31,1-9). Es una forma de invitar a acoger de buen grado la doctrina contenida en las máximas de este libro. Su lectura será útil no sólo a los jóvenes (v. 4), que aún no tienen suficiente experiencia de la vida, sino también a los que se consideran instruidos, ya que siempre es posible progresar en el saber (v. 5). La sabiduría se adquiere aprovechando la enseñanza que se recibe de los maestros y llevándola a la práctica hasta adquirir destreza. El aprendizaje de la sabiduría lleva como fruto la rectitud de vida (v. 3) y la comprensión de los proverbios (v. 6).

El amplio prólogo (1,1-9,18) se abre y se cierra afirmando que «el temor del Señor es el principio del saber» (1,7 y 9,10). En el lenguaje bíblico ese «temor» no hace referencia a ningún miedo, ya que Dios no desea para nadie mal alguno. Con esa palabra se designa el respeto o la reverencia que se deben al Señor y a sus obras. En efecto, el reconocimiento de la acción de Dios en la creación del mundo y en el orden que ha dejado impreso en la naturaleza es el primer paso para adquirir el conocimiento de la verdad de las cosas y del ser humano y, por lo tanto, es el «principio del saber». «El temor de Dios tiene que ser aprendido —afirma un autor cristiano antiguo—. No se encuentra en el miedo sino en el razonamiento doctrinal; no brota de un estremecimiento natural, sino que es el resultado de la observancia de los mandamientos, de las obras de una vida inocente y del conocimiento de la verdad» (S. Hilario de Poitiers, Tractatus super Psalmos 127,1-2).

Volver a Pr 1,1-7