COMENTARIO

 Pr 6,1-19 

Se suceden ahora consejos sobre diversas cuestiones, que tienen en común una llamada a la responsabilidad en el cumplimiento de las propias obligaciones. Se requiere estar con los ojos bien abiertos para advertir la situación real y actuar con iniciativa en cada momento. San Gregorio Magno aplica este texto a los que tienen la responsabilidad de orientar a otros amonestándoles seriamente a que cumplan su deber con diligencia: «A cualquiera que está puesto al frente de los demás para darles ejemplo hay que exhortarle no sólo a que él mismo se cuide, sino a que importune a su prójimo. Por tanto, no es suficiente que se cuide él, viviendo santamente, si no despierta de la torpeza del pecado a aquel a quien preside. Así pues, se le dice con razón: no concedas sueño a tus ojos ni sopor a tu mirada (Pr 6,4). Pues conceder sueño a los ojos significa que, una vez cesada la atención, se desentiende uno totalmente de sus fieles. Y cae en el sopor la mirada cuando nuestros pensamientos, oprimidos por la pereza, hacen la vista gorda a lo que saben que tienen que decir a los fieles» (Regula pastoralis 3,4).

La lección se concluye con un proverbio numérico, ajustado a una estructura bien conocida en los escritos antiguos de Ugarit y en varios pasajes del Antiguo Testamento, que consiste en iniciar un discurso con dos frases paralelas de tal modo que en la segunda aparece el número inmediatamente superior al citado en la primera: «Seis cosas hay que detesta el Señor, y siete son las que abomina su alma» (v. 16; cfr Pr 30; Qo 11,2; Si 25-26 y Am 1-2). Con esta fórmula se quiere expresar el aspecto ascendente e indefinido de la acción reprobable.

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