COMENTARIO

 Ct 1,5-8 

Presentación de la amada, que se dirige a las hijas de Jerusalén (vv. 5-6) y al amado (v. 7). Después, respuesta del coro (v. 8). Parece que la amada ha cometido una falta: así lo sugieren el color de su tez (v. 5; cfr 6,10) y la viña no guardada (v. 6). Sin embargo, advierte que conserva su belleza (v. 5) y acude al amado porque no quiere volver a perderse (v. 7; cfr Gn 38,14). Es fácil comprender así que la tradición cristiana viera en estos textos una imagen del alma que, purificada de sus pecados por el Bautismo y la Penitencia, recobra su belleza original. Pero también se ha aplicado esta imagen a la Iglesia: «La Iglesia, engalanada con estas vestiduras que ha recibido por el baño de la regeneración, dice en el Cantar: Soy morena pero bella, hijas de Jerusalén. Morena, por la fragilidad de la condición humana, bella por la gracia; morena, porque vengo de entre los pecadores, bella por el sacramento de la fe» (S. Ambrosio, De mysteriis 35).

Quedar (v. 5) era una tribu ismaelita (cfr Gn 25,13), situada quizá en el norte de la península arábiga (cfr Sal 120,5). No obstante, aquí, como en otros lugares (cfr Beter, en 2,17), no hay que buscar una referencia topográfica. Los nombres señalan, probablemente, meras evocaciones. En este caso las tiendas negras, de piel de cabra, de los pastores nómadas expresan la negrura de la tez de la amada, de la misma manera que los pabellones de Salomón expresan su belleza.

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