COMENTARIO

 Ct 2,4-7 

Tras el encuentro, la quietud. El amor supone el salir de sí, la suspensión de los sentidos (v. 5), y también el deseo de que el momento se eternice: que, como el sueño, no esté sujeto a la inquietud de la temporalidad (v. 6). Por eso, comenta San Gregorio de Nisa: «Si el amor logra expulsar completamente al temor y éste, transformado, se convierte en amor, entonces veremos que la unidad es una consecuencia de la salvación, al permanecer todos unidos en la comunión con el solo y único bien, santificados en aquella paloma simbólica que es el Espíritu» (S. Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum commentarius 15).

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