COMENTARIO

 Ct 3,6-11 

Primer cuadro del día de bodas (cfr v. 11). El poema presenta a la amada, majestuosa, que sube desde el desierto, y a Salomón, el rey, que sale a esperarla. Los versos se pueden leer como una metáfora de la alianza esponsal de Dios, el Rey de Israel, con su pueblo en la época de la restauración. Así lo expresaba el libro del profeta Isaías: «Serás corona gloriosa en la mano del Señor, diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te dirán más “La Abandonada”, ni de tu tierra dirán ya “La Desolada”, sino que te llamarán “Mi–delicia–está–en–ella”, y a tu tierra, “La Desposada”, porque el Señor se ha complacido en ti, y tu tierra tendrá esposo. Como un joven se desposa con una virgen, contigo se desposará tu constructor, y como se alegra el novio con la novia se deleitará en ti el Señor» (Is 62,3-5).

Si antes (cfr 1,5-2,17) el amado era pastor, ahora es el rey. Pero en la lectura alegórica representan a Dios. Por ello, los escritores sagrados hicieron de estas metáforas pedagogía para tratar a Dios que «cuando quiere ser temido, se llama Señor; cuando quiere ser honrado, Padre; y cuando quiere ser amado, Esposo» (S. Gregorio Magno, Super Cantica Canticorum, Prol.).

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