COMENTARIO

 Ct 4,16-5,1 

Consumación de las bodas. La esposa se ofrece al esposo (4,16) y éste acepta el don (5,1). El amor conyugal lleva a la donación y a la unión: «Con respecto a la castidad conyugal, aseguro a los esposos que no han de tener miedo a expresar el cariño: al contrario, porque esa inclinación es la base de su vida familiar. Lo que les pide el Señor es que se respeten mutuamente y que sean mutuamente leales, que obren con delicadeza, con naturalidad, con modestia. Les diré también que las relaciones conyugales son dignas cuando son prueba de verdadero amor y, por tanto, están abiertas a la fecundidad, a los hijos» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 25).

Al final, el poema invita a la alegría y a la celebración (5,1) como lo hacían los profetas al vislumbrar el momento de la restauración de Israel (cfr Is 25,6-9; 54,1-55,12; etc.). Ésta es la imagen que después utilizará San Juan Bautista para referirse a Jesús —«Vosotros mismos me sois testigos de que dije: “Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él”. Esposo es el que tiene la esposa; el amigo del esposo, el que está presente y le oye, se alegra mucho con la voz del esposo. Por eso, mi alegría es completa» (Jn 3,28-29)— y también la que Jesús se aplicó a sí mismo cuando declaró por qué sus discípulos no ayunaban: «¿Acaso pueden estar de duelo los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Ya vendrá el día en que les será arrebatado el esposo; entonces, ya ayunarán» (Mt 9,15). La tradición cristiana, uniendo este texto con la parábola de las bodas (cfr Mt 22,1-14), dedujo de aquí la necesidad de una vida virtuosa: «Hemos de venir a estas santas bodas del Esposo y la Esposa con la inteligencia de la caridad más interior, es decir, con el traje nupcial. Es necesario: si no nos hemos vestido con el traje nupcial —o sea, con una justa inteligencia de la caridad—, seremos expulsados de este banquete nupcial a las tinieblas exteriores, es decir, a la ceguera de la ignorancia» (S. Gregorio Magno, Super Cantica Canticorum 4,6-10).

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