COMENTARIO
El poema no concluye con la unión física sino con la declaración de la amada que afirma la posesión total. El amado no se ha ido (v. 1), ha tomado posesión de la amada (cfr v. 2) y vive en ella. El amor implica vivir en el otro y ser del otro: «El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos. El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1646).