COMENTARIO

 Sb 4,7-16 

La nueva perspectiva del libro de la Sabiduría llega a planteamientos y soluciones distintas a las de la tradición común judaica. La longevidad, por ejemplo, era considerada una manifestación del favor divino, así como la muerte prematura era una desgracia y castigo. Aquí se matizan los criterios: la longevidad no consiste en haber vivido muchos años, sino en haber vivido con frónesis, es decir, con sabiduría y con prudencia, y en haber llevado una conducta «sin tacha» (cfr v. 9). La muerte prematura, en este contexto, lejos de ser un castigo, es manifestación del amor divino, que quiere otorgar ya el premio merecido al alma y evitarle peligros y angustias; de esta forma, la hora de la muerte es fruto de la solicitud amorosa de Dios.

Apoyándose en estos versículos, San Jerónimo consolaba así a un alma afligida: «¡Lloremos, sí, por los muertos; pero sólo por aquellos que se desploman hacia la gehenna, los devorados por el fuego, aquellos para los que se ha encendido un fuego! Pero nosotros, que cuando dejemos esta vida estaremos acompañados por un ejército de ángeles y Cristo mismo vendrá a nuestro encuentro, nosotros debemos más bien entristecernos cuando nuestra existencia se prolonga en esta residencia sepulcral» (Epistulae 39,3).

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