COMENTARIO

 Sb 5,15-16 

Contraste entre la desgracia de los impíos y la felicidad de los justos. Éstos vivirán eternamente junto a Dios, como perfección de lo que empezó en la tierra. En Dios está su recompensa y podrán confiar a Él todos sus cuidados; los defenderá y protegerá. El premio se expresa con las insignias reales y la diadema hermosa, alusión a la gloria de los bienaventurados. En especial esta imagen ha sido utilizada en la alabanza de los que han alcanzado el premio a través del martirio: «Miramos a los mártires con gozo de nuestros ojos, y los besamos y abrazamos con el más santo e insaciable afecto, pues son ilustres por la fama de su nombre y gloriosos por los méritos de su fe y valor. (…) Rechazasteis con firmeza al mundo, ofrecisteis a Dios magnífico espectáculo y disteis a los hermanos ejemplo para seguirlo. (…) Vuestra frente, sellada con el signo de Dios, no ha podido ser ceñida con la corona del diablo, se reservó para la diadema del Señor» (S. Cipriano, De lapsis 2).

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