COMENTARIO

 Sb 8,7 

Enumera las cuatro virtudes principales para los filósofos griegos, las «cuatro virtudes cardinales» de la teología cristiana, que San Agustín explicaba de la siguiente manera: «Vivir bien no es otra cosa que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el obrar. Quien no obedece más que a él (lo cual pertenece a la justicia), quien vela para discernir todas las cosas por miedo a dejarse sorprender por la astucia y la mentira (lo cual pertenece a la prudencia), le entrega un amor entero (por la templanza), que ninguna desgracia puede derribar (lo cual pertenece a la fortaleza)» (De moribus Ecclesiae Catholicae 1,25,46; cfr Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1809).

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