COMENTARIO

 Sb 8,17-21 

La decisión del hombre por la sabiduría viendo su excelencia y los bienes que reporta, no es suficiente para alcanzarla. Ni siquiera lo es la bondad y las condiciones naturales de la persona. La sabiduría es un don del Señor y por tanto hay que pedirlo (v. 21). Pero reconocer esto último ya es de sabios. En los vv. 19-20 queda reflejada la idea que el autor del libro tiene acerca de lo constitutivo de la persona. Ésta, en cuanto tal, parece ser algo distinto del alma y del cuerpo; es el «yo». Queda recogida la idea veterotestamentaria del hombre como un ser unitario, un «ser viviente» (cfr Gn 2,7). Pero los vv. 19-20 no se detienen a explicar la noción completa de «hombre», que a la luz de la Revelación del Nuevo Testamento aparece más diáfana: el hombre es creado único, con esos dos coprincipios de cuerpo y alma. Tampoco estos versículos se ocupan del pecado original: no lo niegan, simplemente no tratan el tema.

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