COMENTARIO
Los tres verbos, llorar, ayunar y orar (v. 5), resumen la actitud de dolor y penitencia de los judíos en el destierro. Esos actos se completaban con la limosna y resumen también la finalidad de todo el libro: avivar el dolor por las faltas cometidas, expiar con la mortificación y dirigirse a Dios con confianza para recuperar su benevolencia. La tradición cristiana, siguiendo la predicación de Jesucristo (Mt 6,1-18), ha enumerado como obras de penitencia la oración, el ayuno y la limosna. «Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno, en efecto, es el alma de la oración y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlas pues no pueden separarse (…). La oración, la misericordia y el ayuno, deben ser como un único intercesor en favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición» (S. Pedro Crisólogo, Sermones 43).