COMENTARIO

 Ba 3,1-8 

Estos versículos constituyen una oración conclusiva de súplica de los deportados. Ésta se apoya en dos puntos: a) el arrepentimiento por las culpas pasadas (v. 1), que se atribuyen a los padres (vv. 4-5.8); y b) el contraste entre el Señor que «está sentado en su trono para siempre», esto es, que reina, y los desterrados que «perecen para siempre» en la miserable situación actual (v. 3). El contraste se subraya para mover a compasión a Dios (los mismos argumentos se encuentran en Dn 3,25-45; 9,4-19). Teodoreto de Ciro, glosando el v. 1, comenta: «Tienes un océano de benevolencia, tienes un abismo de misericordia: derrámala sobre los que están necesitados, pues la misericordia conviene tanto a los que han pecado como a los que se han arrepentido» (Interpretatio in Baruch 3,1). Destaca el sentido de solidaridad con las generaciones pasadas y el convencimiento de que los sucesos históricos son la manifestación de la voluntad divina.

Los intérpretes fluctúan acerca del sentido exacto de la expresión «los muertos de Israel» (v. 4). ¿Se trata de las oraciones de los difuntos por sus descendientes, o de las oraciones de los patriarcas y de los profetas pronunciadas antes de su muerte? De todas formas, quizá sea una expresión hiperbólica: los muertos serían los desterrados, cuya situación es comparada a la del sheol (cfr 3,10-11).

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