COMENTARIO

 Ba 3,9-4,4 

La sección es una reflexión y elogio de la Sabiduría verdadera, que es atributo de Dios. A su vez, constituye una exhortación a Israel («Escucha, Israel»: 3,9). Esta parte de Baruc se acerca por estilo y temática a los escritos sapienciales del Antiguo Testamento. La verdadera Sabiduría ha sido comunicada a Israel, que sin embargo la ha abandonado (3,9-14). Las naciones paganas buscan una sabiduría donde no la hay, una sabiduría de horizontes meramente humanos: piensan hallarla en el poder, las riquezas, el dominio de los recursos naturales y la utilización de los animales (3,15-31). Han errado al no buscarla en la Sabiduría que viene de Dios (3,32-36; cfr Jb 28,12-28; Si 1,1-10; Sb 7,7-14). El Señor reveló en la Ley su Sabiduría a Israel, que debe sentirse dichoso por haber sido elegido como depositario de los mandamientos de Dios (3,37-4,4).

Esta sección es la parte del libro que más ha sido más comentada por los Padres (cfr 3,37-38). Así por ejemplo, 3,29-4,1 es citado por San Ireneo, que ve en ellos el anuncio profético de la salvación de la humanidad mediante la Encarnación del Verbo. He aquí sus palabras: «En todo lugar, donde alguien que cree en Él y haciendo su voluntad lo llama invocándolo, Jesús se le hace cercano y está con él, acogiendo las peticiones de quien lo invoca con pureza de corazón. Recibida así la salvación, damos gracias cada día que, en su inmensa e insondable sabiduría, nos salva y anuncia desde lo alto del cielo la salvación, que consiste en la venida visible de nuestro Señor, esto es, en su vida humana; salvación que nosotros, abandonados a nosotros mismos, no habríamos podido recibir nunca. Pero lo que es imposible a los hombres es posible a Dios» (Demonstratio praedicationis apostolicae 97).

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