COMENTARIO
En contraste con la verdadera Sabiduría de Dios, fuente de vida, se considera la caducidad de todo lo humano. Nada humano permanece para siempre: ni el poder, ni la habilidad, ni el oro, ni la plata. Aparecen mezcladas personas de diversas categorías sociales y oficios: príncipes de las naciones, como Nabucodonosor, cuyo poder creía ser omnímodo (cfr Jr 27,6; Dn 2,37-38); expertos en el arte de cetrería; ricos que amontonan oro y plata; y orfebres que trabajan con maestría sin dar a conocer los secretos de su arte. Todos bajan al hades y son reemplazados por otros.