COMENTARIO
Pero el castigo de Dios no es definitivo; queda abierta la puerta a la esperanza, apoyada en la misericordia y bondad del Eterno, que es llamado «Salvador» (v. 22). Se anuncia el retorno de los desterrados y la alegría de la ciudad santa, con tonos que recuerdan la última parte del libro de Isaías (cfr Is 60,1-4; 63,7-9; 66,10-11) y algunos oráculos de Jeremías (cfr Jr 30,18-22). Es en suma una mezcla de canto de consuelo y exhortación a convertirse al Señor.