COMENTARIO
Que los ídolos son sólo objetos fabricados por el hombre sin poder alguno constituye un lugar común en la literatura del Antiguo Testamento contra la idolatría. En concreto, estos versículos tienen paralelos en libros proféticos y sapienciales (cfr p. ej. Is 40,19-20; 41,6-7; 44,9-20; Jr 10,1-16; Sal 115,4-8; 135,15-18; Sb 13,10-19). Aquí, en contraste implícito con el Dios de Israel que habla a su pueblo, se muestra que los ídolos de las naciones son mudos (v. 7). Y frente al Dios que salva, se ridiculiza su incapacidad para salvar a otros o salvarse a ellos mismos (vv. 12-13). Además, el comportamiento de los sacerdotes idólatras es manifestación clara de su impotencia y vanidad (vv. 8-11).