COMENTARIO

 Jl 2,1-11 

Literaria y temáticamente, estos versículos constituyen un único poema como lo indica el uso de la «inclusión»: hay una referencia al día del Señor en los vv. 1 y 11. En ellos se expresa, de modo poético, la presencia de Dios en medio de su pueblo, manifestada con majestad y poder singulares. El pasaje evoca el relato de la teofanía en el Monte Sinaí (Ex 19,16-25; Dt 4,9-14), aunque trae a la memoria otros textos proféticos (So 1,15; Is 13,8; etc.). El mensaje va dirigido a recordar la transcendencia y el poder del Señor, para preparar al pueblo a la conversión a Dios, que es el único que puede castigarle y librarle así de las angustias en que se debate.

Los dos primeros versículos son como una llamada de atención. El toque del cuerno o trompeta se utilizaba sobre todo en dos ocasiones: como alarma en caso de guerra, o para convocar a asamblea. Aquí, como en el pasaje paralelo de So 1,15-16, se trata del primer caso. La llegada del «día del Señor» (v. 1) trae consigo el despliegue en son de guerra de un ejército terrible (v. 2). El Evangelio de Juan, en el prólogo (Jn 1,5) y en otros pasajes (8,12; 13,30; 20,1; etc.), recogerá estos motivos (v. 2) presentando la oscuridad y la noche como elementos hostiles a Cristo.

Los vv. 3-11 vienen a ser como un desarrollo de la primera visión de 1,6. Las imágenes y el lenguaje son propias del género apocalíptico. La comparación de las langostas con caballos (v. 4) aparece en otros textos del Antiguo Testamento (cfr Jb 39,19-20) y la recogerá más tarde el Apocalipsis de Juan, en la visión del tañido de la quinta trompeta y descripción de la plaga de langostas (vv. 4-9; cfr Ap 9,1-7). El temblor de la tierra y el estremecimiento de los cielos (vv. 10-11) tienen claro paralelismo con Isaías (Is 13,13), lo mismo que el oscurecimiento del sol y de la luna (cfr Is 13,10). La imposibilidad de soportar el día del Señor (v. 11) encuentra su paralelo en Na 1,6 e influyó en el Apocalipsis de Juan (Ap 6,17). Con estas imágenes vivas y audaces el escritor sagrado quiere poner de manifiesto la gravedad del pecado y la necesidad de la conversión. Son palabras que constituyen también un estímulo permanente para estar siempre preparados, pues no sabemos cuándo llegará ese día: «La incertidumbre del juicio sirve para estar vigilantes por dos motivos. Primero, porque, no sabiendo si tardará tanto cuanto dure la vida del hombre, ambas incertidumbres le mueven a mayor vigilancia. Segundo, porque como el hombre cuida no sólo de su persona, sino también de la familia, de la ciudad, del reino o de toda la Iglesia, cuyo tiempo de duración no se ajusta al de la vida del hombre, tendrá que vigilar, puesto que hay que disponer bien todo eso para que el día del Señor no los coja desprevenidos» (S. Tomás de Aquino, Summa theologiae, Suppl. 88,4).

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