COMENTARIO
Este versículo —que la liturgia de la Iglesia recoge para invitar a la penitencia el miércoles de Ceniza— es como la conclusión de la primera parte del libro: la conversión, unida a los actos auténticos de penitencia, es la que puede retraer a Dios del justo castigo y librar al pueblo de su aflicción. La expresión con la que se inicia la segunda parte del libro —«El Señor tuvo celos por su tierra y se apiadó de su pueblo» (2,18)— indica la respuesta del Señor y el horizonte de salvación que se abre desde ahora: «Dios no se deja ganar en generosidad, y —¡tenlo por bien cierto!— concede la fidelidad a quien se le rinde» (S. Josemaría Escrivá, Forja, n. 623).