COMENTARIO

 Jl 2,18-4,21 

La segunda parte del libro tiene un contenido directamente salvífico. La piedad del Señor (2,18) se manifiesta en el mensaje que el profeta ofrece de parte de Dios, como respuesta a la conversión: «Respondió el Señor, y dijo a su pueblo» (2,19). Con esas palabras del Señor, el profeta alienta a Judá y a Jerusalén, diciéndoles que no tienen por qué temer, pues el Señor les librará de las desgracias y les dará toda clase de bienes terrenos, simbolizados aquí por la abundancia de los productos de la tierra: grano, vino y aceite (2,19-27).

Pero el punto culminante estriba en que Dios derramará su «Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos verán en sueños, y vuestros jóvenes tendrán visiones» (3,1). La efusión del Espíritu es señal definitiva de la llegada del «día del Señor». Esta expresión recurre cinco veces (1,15; 2,1.11; 3,4 y 4,14), cada vez con mayor intensidad. El día del Señor orienta a un horizonte escatológico variado: castigo de las iniquidades (1,15; 2,1-3), manifestación del poder del Señor mediante prodigios en tierra y cielos (3,3-4) y, sobre todo, el día del Juicio definitivo del Señor a todos los pueblos (4,1-8).

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