COMENTARIO
Este primer oráculo de la segunda parte implica la respuesta de Dios a la aceptación de la penitencia a que llaman los oráculos precedentes. Por eso constituye el exordio de la narración de la salvación. Si antes, el pueblo (1,13-19), y hasta las bestias (1,20), clamaban al Señor ante la plaga de las langostas (1,2-12), ahora el Señor promete multiplicar con creces los bienes al pueblo (vv. 23.26), a los campos (vv. 24-25) y a las bestias (v. 22). Pero el más significativo es el versículo final: si antes se podían preguntar «¿Dónde está su Dios?» (2,17), ahora el pueblo puede contestar que Dios está en medio de su pueblo (v. 27). La invitación a la alegría (v. 21), unida a la presencia del Señor en medio de su pueblo (v. 27), trae a la memoria del lector cristiano el pasaje de la Anunciación a la Virgen (Lc 1,26-33) donde efectivamente se ven cumplidos definitivamente los oráculos de salvación.