COMENTARIO
El libro concluye con una visión de la restauración del Israel escatológico en la era paradisíaca. Tres temas presentes en el libro de Joel recurren en estos versículos. A las desgracias —la plaga de las langostas, con el hambre y la desolación que llevan consigo— el profeta les opone ahora una visión edénica en la que Judá es un vergel, repleto de abundancia, de mosto y leche (v. 18). Las imágenes y temas se encuentran también en Is 30,25; Ez 47,1-12; Za 14,8. El tema del agua viva será recogido luego por San Juan (cfr Jn 4,10-15; Ap 22,1). Después (v. 19), se expresa la venganza del Señor: frente a la fertilidad de Judá, Egipto y Edom, prototipos aquí de los enemigos de Israel, serán los que recogerán desolación.
Finalmente (vv. 20-21), la promesa de que ya no habrá más castigo de destierro —Judá y Jerusalén estarán siempre habitadas— y el bien más anhelado: «el Señor habitará en Sión» (v. 21). Es la conclusión de todo el libro de Joel. El texto es leído de modo transcendente por San Juan en la visión de la Jerusalén mesiánica que baja del cielo —«Me llevó en espíritu a un monte de gran altura y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, reflejando la gloria de Dios» (Ap 21,10-11)— y es un trasunto de la esperanza humana trascendente.