COMENTARIO

 Am 2,4-16 

Contiene un breve oráculo sobre Judá (vv. 4-5) y otro sobre Israel (vv. 6-16). El oráculo de Judá tiene menos fuerza expresiva que los restantes, por lo que algunos piensan que debió añadirse después. Reprocha las transgresiones a los mandamientos de la Ley y la infidelidad a Dios, cayendo en la idolatría.

En cambio, el oráculo contra Israel (vv. 6-16) es extenso y expresivo. Alterna los delitos de Israel —y la condena correspondiente— con los beneficios recibidos por el pueblo. Los delitos a los que se refiere serán aludidos a lo largo del escrito (cfr 3,1-9,10). Son principalmente las injusticias con el pobre —sinónimo de justo (cfr v. 6)— y el desvalido (vv. 6-7), el incesto o la idolatría (v. 7), y los desórdenes en el culto (v. 8). Frente a esos delitos, el oráculo recuerda los dones de Dios: la liberación de Egipto (v. 10), la donación de la tierra (v. 10) y la elección de nazareos y profetas para conducirlos (v. 11). Pero Israel es orgulloso e ingrato, y por eso recibirá el castigo merecido. El castigo será tan completo y tan rápido que ni los más veloces podrán escapar, ni los más fuertes podrán resistir (vv. 14-16).

En este orgullo de Israel se fijaba San Jerónimo cuando comentaba el v. 14 con una aplicación para los lectores. Le fallarán también las fuerzas, dice San Jerónimo, a «quien confía en su fortaleza y no en la misericordia de Dios, según aquellas palabras de la Escritura: “Destruiré la sabiduría de los sabios y reprobaré la inteligencia de los prudentes” (1 Co 1,19; cfr Is 29,14); no porque la verdadera sabiduría pueda ser destruida o reprobada la comprensión de la verdad, sino porque perece la sabiduría de quienes se creen sabios y confían en sus conocimientos. Asimismo, el bravo o el guerrero que no salvará su vida es aquel que no posee en modo alguno la armadura del apóstol. Tiene un escudo, pero no es el de la fe; tiene ceñidos los lomos, pero no con la verdad; viste una coraza, pero no es la de la justicia; lleva espada, pero no es la de la salvación. Esta clase de guerrero no santifica la batalla ni puede pelear las batallas del Señor» (Commentarii in Amos 2,13-16).

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