COMENTARIO

 Am 3,1-6,14 

La segunda parte del libro, la más extensa, contiene reproches a Israel y predicciones de destrucción en castigo de sus delitos. Se compone de tres oráculos que comienzan con: «Escuchad esta palabra…» (3,1; 4,1; 5,1), y otros tres que contienen la expresión: «Ay de los que…» (5,7.18; 6,1). En su contenido son un desarrollo del oráculo contra Israel con el que acababa la sección anterior (2,6-16).

Comienza esta parte con una nueva interpretación del sentido de la elección divina de Israel (3,1-8). Tal elección marca el tono de los oráculos. Los israelitas piensan que con sus peregrinaciones a los santuarios populares de Betel y Guilgal —donde presentan ofrendas voluntarias, sacrificios y diezmos (4,4-5) y se reúnen para celebrar las fiestas (5,21-25)— están cumpliendo sus obligaciones religiosas y tienen satisfecho a Dios. La situación de prosperidad material de que gozan en estos momentos confirma a los ojos de muchos la validez de la conducta que están siguiendo. El bienestar material es más acusado en el reino de Israel, aunque también, en menor escala, se siente en el reino de Judá, bajo el reinado de Uzías. Pero la riqueza material fue de la mano con las injusticias sociales: opresión de los pobres y desvalidos, separación de los ritos externos de culto y de la rectitud moral.

Éste es el contexto de la predicación de Amós y de sus denuncias proféticas: no pocos se están haciendo ricos, pero muchos más se están convirtiendo en pobres, cada vez más pobres; los poderosos y ricos explotan a los pobres y débiles, a quienes se les niega la justicia; la participación en los cultos de Betel y Guilgal —santuarios cismáticos respecto del Templo de Jerusalén—, hecha sin influjo interior y sin propósito de enmendar la conducta moral, es una autoseducción que lleva a confiar falsamente en Dios y a dar rienda suelta a los pecados e injusticias.

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