COMENTARIO
Los delitos y desórdenes de Samaría serán pregonados cerca, en Asdod —palabra que algunas versiones griegas y la Neovulgata traducen por «Asiria»—, y lejos, en Egipto (vv. 9-10). El profeta se dirige a aquellos potentados que viven en la opulencia: tienen casas grandes y lujosas para el invierno y para el verano (cfr v. 15), pero sólo almacenan rapiña y maldad (cfr v. 10); no son cuidadosos con el culto —los «cuernos de los altares» son unos salientes situados en cada esquina del altar que se untaban con la sangre de las víctimas— (v. 14), y no saben obrar con rectitud (v. 10). Por eso, anuncia un castigo: Israel será saqueado (v. 11) y reducido casi a la nada (v. 12). La imagen que utiliza el profeta —lo que conseguirá salvar el Señor es lo que puede conseguir salvar un pastor de la presa de un león, es decir, poco menos que un despojo— lleva a pensar que Amós pueda estar aludiendo al «resto» de Israel, un motivo recurrente en la predicación de los profetas (cfr 5,3.15; 9,8; Is 4,3; etc.). A pesar de sus pecados, la destrucción de Israel, no será total, se salvará un resto con el que el Señor renovará el pueblo.