COMENTARIO
Otro breve oráculo lleno de sarcasmo contra la falsedad del culto en los santuarios israelitas de Betel y Guilgal. En cada uno de estos dos santuarios, Jeroboam I (931-910) había colocado la estatua de un becerro de oro, con lo que consumó el cisma del reino de Israel respecto del Templo de Jerusalén (cfr 1 R 12,26-33). De ahí que se tuviera ese culto por idolátrico. Las palabras de Amós podrían ser una parodia de las prédicas de los sacerdotes de estos santuarios a los peregrinos. El profeta ironiza sobre las recomendaciones de los sacerdotes que buscan la pureza legal, pero que no se interesan ni por la rectificación de la conducta moral de los que asistían, ni por un culto sincero: «¡Pobre Israel! ¡Qué cerca tienes la cautividad! El ejército asirio ya está ahí. Haz lo que quieras, fornica libremente con los ídolos, para que cuanto mayor sea tu desvergüenza, más justa parezca mi sentencia» (S. Jerónimo, Commentarii in Amos 4,4-6).