COMENTARIO
Esparcidos a lo largo de todo este capítulo quinto se encuentran los temas más frecuentes en la predicación de Amós. Sin embargo, no se descubre un orden claro. Parece más bien que se han reunido aquí oráculos breves pronunciados en diversas ocasiones.
Estos nueve versículos se reparten en tres unidades. La primera (vv. 1-3) es una elegía o lamentación por la desgracia inminente de Israel. El pueblo, como en otros textos proféticos, es comparado con una virgen (cfr Is 23,12; 37,22), que contempla impotente su decadencia.
La segunda unidad (vv. 4-7), tiene un mensaje muy claro: por dos veces (vv. 4.6) se exhorta a buscar al Señor para tener vida. Este buscar al Señor se pone en contraste con buscar a Dios en los santuarios (v. 5). El profeta menciona dos santuarios cismáticos del norte —con los que hace un juego de palabras: Guilgal será como galah (ir a la cautividad), y Bet-El, Casa de Dios, será aven (o Bet-Aven, Casa de la nada, o de iniquidad: cfr Os 4,15)— y, sorprendentemente, uno del sur, Berseba. Probablemente, lo que el profeta quiere enseñar es que la relación con Dios debe basarse en la sinceridad y no en los ritos. Y una muestra clara de la sinceridad a la hora de buscar al Señor es respetar el derecho y la justicia (v. 7).
La tercera unidad es una doxología (vv. 8-9), en la que se alaba a Dios, creador de los cielos (v. 8: Pléyades y Orión son dos constelaciones de estrellas, cfr Jb 9,9), de la tierra y de todo cuanto ocurre en ella (v. 9). Además, su Nombre es «el Señor» (v. 8). La versión griega tradujo aquí el tetragrama del nombre divino por «Pantocrátor» para indicar con una sola palabra la omnipotencia y el señorío del Dios revelado: «En Dios el poder y la esencia, la voluntad y la inteligencia, la sabiduría y la justicia son una sola cosa, de suerte que nada puede haber en el poder divino que no pueda estar en la justa voluntad de Dios o en su sabia inteligencia» (S. Tomás de Aquino, Summa theologiae 1,25,5, ad 1; cfr Catecismo de la Iglesia Católica, n. 270).