COMENTARIO
Reaparece la denuncia profética de Amós contra Israel. El acento está puesto en las faltas contra el derecho en «la puerta», es decir, en el tribunal —pues los juicios se celebraban en las puertas de la ciudad— (vv. 10.15), en el robo a los desvalidos (v. 11), en la opresión a los pobres y a los justos (v. 12) —a menudo estas palabras son sinónimas en Amós (cfr 2,6)—, y en buscar, mientras tanto, el lujo sibarita (v. 11).
Por eso el profeta llama a la conversión (vv. 14-15). Los tonos de estos versículos son emotivos. Si un poco antes (cfr 5,4.6), el profeta apremiaba a buscar a Dios para vivir, ahora enseña que esa búsqueda se debe dirigir hacia el bien (v. 14). Pero buscar el bien tiene una consecuencia muy concreta: implantar «el derecho en el tribunal» (v. 15). Si lo hacen así, el Señor terrible y todopoderoso —«Señor de los ejércitos» (vv. 14-15)— será para ellos el Dios de la misericordia: «La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Am 5,24; Is 1,17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (cfr Lc 9,23)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1435).
Al final, los vv. 16-17 sirven para introducir el tema del «día del Señor», que viene a continuación.