COMENTARIO
Un nuevo reproche (cfr 4,4-5) contra la falsedad del culto meramente externo. El profeta presenta en contraste los cuarenta años en el desierto (v. 25) como época en la que no había sacrificios pero sí respeto por las virtudes y las leyes (v. 24). Las frases de Amós son duras y tendrán eco en otros textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. La doctrina de la necesidad de acompañar el sacrificio exterior con obras de justicia encuentra aquí, junto con los pasajes de Os 6,6; 8,13, uno de sus textos fundamentales. Como enseña Santo Tomás, «todo el que ofrece sacrificio debe participar de él, porque (…) el sacrificio que exteriormente se ofrece es señal del interior con el que uno mismo se entrega a Dios. Participando del sacrificio externo, se significa que el interior se ofrece también» (Summa theologiae 3,82,4). De ahí que «el único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación (cfr Hb 9,13-14). Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2100).