COMENTARIO

 Am 6,1-14 

Con el tercer «¡Ay!» (v. 1; cfr 5,7.18) comienza la última sección de esta segunda parte. Se pueden distinguir dos fragmentos distintos, pero que coinciden en el motivo del reproche: la riqueza y el orgullo. El primero (vv. 1-7), es un reproche a los que viven de modo inconsciente (vv. 4-6), tanto en Sión como en Samaría (v. 1), poniendo su confianza en las clases dirigentes y opulentas de «la primera de las naciones», es decir, el reino del Norte o Samaría. El sintagma «la primera de las naciones» (v. 1) es una ironía, que se contrasta con las amenazas que siguen: los «que se ungen con los primeros ungüentos» (v. 6) «irán al cautiverio los primeros entre los cautivos» (v. 7). El cargo principal es vivir lujosamente y con despreocupación de las desgracias de los demás, «de la ruina de José». La advertencia no deja de tener vigencia en todos los momentos de la historia humana: «Descendiendo a consecuencias prácticas y muy urgentes, el Concilio inculca el respeto al hombre, de forma que cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente (…). En nuestros días principalmente urge la obligación de acercarnos a cualquier otro hombre y servirle activamente cuando llegue la ocasión, ya se trate de un anciano abandonado por todos, o de un trabajador extranjero injustamente despreciado, o de un desterrado, o de un niño nacido de una unión ilegítima que sufre inmerecidamente a causa de un pecado que él no ha cometido, del hambriento que interpela nuestra conciencia recordándonos la palabra del Señor: Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis (Mt 25,40)» (Gaudium et spes, n. 27).

El segundo fragmento (vv. 8-14) anuncia el duro castigo que les aguarda por su orgullo y por haber abandonado al Señor. El pasaje está expresado con rica y punzante retórica y con comparaciones ingeniosas. El v. 10 resulta difícil de entender, tanto por las expresiones usadas como por el lugar en el que está colocado; con todo, parece indicar que ni siquiera las manifestaciones de respeto religioso podrán salvar a Israel de la debacle. «Lo-Debar» (v. 13) es una ciudad de la tribu de Gad en la Transjordania: Jeroboam II, o su padre, Joás, la habían conquistado a los arameos; un motivo de gloria para Israel, pero ahora es gloria fatua según las palabras de Amós. «La entrada de Jamat» y «el torrente de Arabá» (v. 14) indican en otros textos (cfr Jos 13,1-19) los límites, al norte y al sur, del territorio de Israel. El sentido del pasaje es claro: Israel está condenado, la «primera de las naciones» se verá oprimida en toda la extensión de su territorio por otra, que no se especifica, aunque aquí parece que Amós se refiere al imperio asirio, al que nunca nombra.

La meditación de la Biblia, por parte de los santos y los autores espirituales ha hecho que las expresiones de los libros sagrados se hayan convertido en más de una ocasión en cauce fecundo para la exposición de la doctrina. Así por ejemplo, el v. 12 en San Francisco de Sales: «Hay corazones ásperos, amargados, agrios por naturaleza, que, a su vez, amargan y agrian todo cuanto asimilan; como dice el profeta convierten el juicio en ajenjo, juzgando siempre al prójimo con todo rigor y aspereza; éstos están muy necesitados de ponerse en manos de un buen médico espiritual» (Introducción a la vida devota 3,28).

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