COMENTARIO
La tercera parte del libro anuncia el «día del Señor» para todas las naciones (v. 15). El oráculo tiene dos horizontes: por una parte (vv. 15-16; cfr vv. 18-19), recuerda el castigo de los edomitas y, por otra (vv. 17-21), anuncia la restauración de Israel.
El anuncio del castigo a Edom parece que sigue las reglas de la ley del talión (vv. 15-16). Como en otros lugares de la Biblia, el espíritu de venganza que parece rezumar el poema debe aderezarse con el testimonio de justicia y del poder de Dios, que actúa a favor del inocente frente al opresor.
Más instructivas son la segunda y la tercera parte del oráculo. Allí, el profeta contempla varias cosas: la futura salvación en Sión de un resto (v. 17; cfr Jl 3,5), la restauración de las casas de Jacob —reino de Judá—, y de José —reino de Israel— (v. 18), el castigo de Esaú (v. 18), y la expansión del pueblo elegido por la tierra prometida y por los territorios vecinos (vv. 19-21).
Los diversos manuscritos presentan variaciones y acomodaciones en los nombres de los territorios señalados en los vv. 19-20, y en algún caso, como la mención de «Sefarad», no sabemos a qué se refiere. Sin embargo, el sentido del texto es claro: lo que dicen ambos versículos es que los israelitas del norte ocuparán sus regiones circundantes, y los del sur, paralelamente, las zonas vecinas. El oráculo se dirige así hacia el v. 21, en el que se viene a recordar la unidad de ambos reinos, de Israel y de Judá, centrada en el monte Sión, como en tiempos de David y Salomón. San Agustín, que lee a Abdías desde el espíritu abierto del Evangelio, explica: «Aparece que el reino se ha cumplido cuando los salvados del monte Sión, esto es, los que creen en Cristo desde Judá, y que principalmente concierne a los apóstoles, subieron para defender el monte de Esaú. ¿Cómo lo defenderían sino por la predicación del evangelio, salvando a los que creyeron y liberándolos del poder de las tinieblas y conduciéndolos al reino de Dios? Eso lo expresó con coherencia añadiendo Y el reino será para el Señor. El monte Sión significa Judá, donde se predice que será la futura salvación (…); el monte de Esaú es Idumea, por la cual se significa la iglesia de los gentiles, a la que defendieron, como he explicado» (De civitate Dei 18,31). Para San Agustín, pues, Esaú son los gentiles necesitados de la salvación: la predicación del Evangelio los convierte de enemigos en hermanos, como eran desde el principio.
Si se acepta como marco histórico de Abdías la situación precaria y la insignificancia de Judá a la vuelta del exilio de Babilonia, se puede comprender que las aspiraciones territoriales que se manifiestan al final de Abdías sean modestas. Por encima de las dimensiones humanas se alza el canto victorioso de una esperanza más espiritual que terrena: «El Reino será para el Señor», que expresa el término de la escatología israelita y de la historia humana.