COMENTARIO

 Jon 1,4-16 

La historia de Jonás en alta mar está dedicada a mostrar dos cosas: por una parte, descubre cómo el Señor puede ser también el Dios de los paganos; por otra, muestra de manera inequívoca las virtudes que adornan a estas personas aun sin conocer a Dios. El episodio presenta a los marineros como hombres religiosos: ante el peligro de zozobrar, no se limitan a aligerar la nave, sino que invocan a la divinidad. Pero esa religiosidad natural está llena de imperfecciones, y es sólo el camino para descubrir al verdadero Dios. Así lo presenta el hecho de que cada uno sea conminado a invocar a «su» dios (vv. 5.6), y la decisión de echar suertes para descubrir al que está en el origen de la desgracia (v. 7). Algunos autores paganos —como Horacio o Cicerón— testimonian esta creencia de la antigüedad, según la cual la presencia de un culpable en el barco era un peligro para el resto de los pasajeros (cfr v. 10). Pero los marineros no son sólo unos hombres religiosos, sino también humanitarios: cuando Jonás les propone que lo echen al mar para que se calme la tormenta (cfr v. 12), aquellos hombres no lo hacen e intentan ir a tierra firme remando (v. 13). Solamente cuando ya no tienen más remedio, echan a Jonás al mar (v. 15), no sin antes haber invocado al Señor para que no les tuviera en cuenta lo que les parecía un desatino (v. 14): «¡Grande es la fe de estos marineros! Se encuentran ellos mismos en peligro y piden por la vida de otro: saben que la muerte por el pecado es peor que la muerte física» (S. Jerónimo, Commentarii in Ionam 1,14).

El resultado de estas peripecias es la conversión de los marineros al Dios de Israel, y así pasan de rogar a «su» dios (vv. 5-6) a invocar al Señor (vv. 14-16); del simple temor (v. 10) al temor del Señor (v. 16). Además, acaban haciendo votos al Señor y ofreciéndole un sacrificio (v. 16), es decir, las mismas acciones que se propone Jonás cuando se ve salvo (cfr 2,10). Es fácil ver en todos estos rasgos un horizonte de salvación universal no disimulado: todos los hombres nobles pueden alcanzar la salvación de Dios; hasta en un barco se puede ofrecer un sacrificio al Señor.

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