COMENTARIO

 Jon 3,1-4,11 

La segunda parte del libro tiene una estructura semejante a la primera: Dios y Jonás (3,1-3; cfr 1,1-3), Jonás y los gentiles (3,4-10; cfr 1,4-16); Jonás y Dios (4,1-11; cfr 2,1-11). Sin embargo, el ánimo del lector está ya preparado para el posterior resultado de los acontecimientos: la efectiva predicación de Jonás y la conversión de los ninivitas. Por eso, el relato se dirige hacia el último capítulo, en el que se plantea y se resuelve la cuestión que lo provocó. El episodio es así una enseñanza práctica del alcance de la misericordia de Dios. Por tal razón fue evocado con ocasión de la polémica con los gnósticos que distinguían entre un Dios bueno, el revelado en el Nuevo Testamento, y el Dios revelado en el Antiguo Testamento: «Mira que ha puesto delante el mejor título de Dios, es decir, que es paciente con los malos y rico en misericordia y compasión con los que reconocen y lloran sus pecados, como hicieron entonces los ninivitas. Si tal ser es un Ser muy bueno, tú deberás (…) conceder que no puede concebir el mal y esto porque, tal como lo admite el mismo Marción, el árbol bueno no puede dar frutos malos» (Tertuliano, Adversus Marcionem 2,24).

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