COMENTARIO
El profeta presenta en términos solemnes la teofanía o «visitación» (cfr Am 3,14; Os 12,3; Is 13,11; Jr 44,13) del Señor que, desde los cielos, se hará presente en la tierra para castigar las iniquidades de Israel y de Judá. Enfatiza el poder del Señor, su carácter de Juez supremo y su soberanía sobre toda la tierra y sobre quienes la habitan (v. 4). Comenta San Jerónimo: «El Señor saldrá de su morada: el que es manso y benigno, por culpa vuestra, se ve obligado a tomar la máscara de la crueldad, que no es la suya (…). Por montañas y valles entendamos los príncipes y el pueblo (…). Todo esto ocurrirá por las iniquidades de las diez tribus, a las que llama Jacob e Israel, y por la prevaricación de Judá; porque Samaría fue la metrópolis de las diez tribus, y en Jerusalén, en el reino de Judá, fueron fabricados los lugares altos de los ídolos» (Commentarii in Michaeam 1,3-5).
El motivo de esta visita son los pecados de Israel y de Judá. El pecado de Israel es Samaría (v. 5) que, como explica después (cfr 1,6-7), se ha hecho idólatra. Por tanto, parece que se refiere a que todavía conserva los «lugares altos» (v. 5) donde se rendía culto a los dioses cananeos (cfr 2 R 15,35; 16,4). Más tarde, el profeta reprochará las faltas de justicia y de moralidad, pero aquí parece referirse únicamente a la idolatría. En todo caso, en su predicación, las dos cosas están unidas: es muy difícil conservarse íntegro sin fe en el único Señor, de la misma manera que la fe verdadera se traduce en una vida íntegra.