COMENTARIO

 Mi 4,9-14 

El vaticinio distingue entre la angustiosa realidad del presente («ahora», vv. 9-11.14), y los tiempos de la salvación y de la restauración en el futuro (vv. 12-13). La realidad de la prueba parece que alude a tres aspectos de la ruina del Reino de Judá y el posterior destierro en Babilonia: la caída del rey —v. 9, y probablemente se refiere también a él la expresión «juez de Israel» del v. 14—, la marcha hacia el destierro en Babilonia (v. 10), y la confabulación de las naciones para burlarse de Judá (v. 11).

El consuelo de la futura restauración tiene su base en que el Dios de Israel es «el Señor de toda la tierra» (v. 13). Por tanto, es el Señor mismo quien ha entregado a su pueblo y quien tomará partido por los suyos. La identificación de la Iglesia como el nuevo Israel de la restauración hizo que el pasaje se pudiera leer con sentido espiritual: «Muchos pueblos demoníacos se reúnen contra la hija de Sión que es la Iglesia (…), se mofan de ella y se regocijan con la muerte de sus hijos, desconociendo los pensamientos del Señor e ignorando sus designios (…). Los reunirá, pues, como gavillas en la era para aventar con sus cuernos y triturar con sus pezuñas todo lo que parecían tener de espinoso y áspero, de vacío y ligero, y hacer ofrenda al Señor de grano limpio» (S. Jerónimo, Commentarii in Michaeam 4,11-13).

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