COMENTARIO

 Mi 7,8-20 

El libro concluye con unos preciosos oráculos en los que el profeta ve cumplidas las esperanzas de restauración. En este sentido, su contenido recuerda otros pasajes proféticos como los caps. 33 y 40-55 del libro de Isaías. El poema comienza dando la voz a Jerusalén que, desde la caída, expresa su confianza en que el Señor la levantará (vv. 8-10), y sigue con la promesa del Señor de que se reconstruirá la ciudad y se dilatará su gloria hasta ser el orgullo del mundo (vv. 11-13). Desde aquí los oráculos toman forma de plegaria: primero para pedirle al Señor que sea Él el pastor del pueblo (vv. 14-17), y después con agradecimiento porque es fiel a sí mismo, perdona los pecados y olvida las culpas pasadas (vv. 18-20).

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