COMENTARIO
El libro concluye con unos preciosos oráculos en los que el profeta ve cumplidas las esperanzas de restauración. En este sentido, su contenido recuerda otros pasajes proféticos como los caps. 33 y 40-55 del libro de Isaías. El poema comienza dando la voz a Jerusalén que, desde la caída, expresa su confianza en que el Señor la levantará (vv. 8-10), y sigue con la promesa del Señor de que se reconstruirá la ciudad y se dilatará su gloria hasta ser el orgullo del mundo (vv. 11-13). Desde aquí los oráculos toman forma de plegaria: primero para pedirle al Señor que sea Él el pastor del pueblo (vv. 14-17), y después con agradecimiento porque es fiel a sí mismo, perdona los pecados y olvida las culpas pasadas (vv. 18-20).