COMENTARIO
Tres consecuencias de la restauración de Israel: la reconstrucción de las murallas de Jerusalén y la expansión del país más allá del escaso territorio que ocupaba el reino de Judá antes de su caída (v. 11); la gloria de Jerusalén, que será el lugar donde converja el mundo entero para aprender del pueblo elegido (v. 12; cfr 4,1-2); finalmente, la desolación en los lugares donde no se respeta la Ley del Señor (v. 13). Salvadas las expresiones un tanto duras, es una descripción justa de la esperanza en el final del mundo creado. Como dice San Pablo, «cuando le hayan sido sometidas todas las cosas, entonces también el mismo Hijo se someterá a quien a él sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas» (1 Co 15,28).