COMENTARIO
Los tres versículos finales del libro adquieren tono litúrgico: celebran con agradecimiento la misericordia del Señor. Ante las obras del Señor —el perdón y el olvido de los pecados (vv. 18-19), la fidelidad a las promesas a pesar de los pesares (v. 20)— el hombre fiel sólo puede agradecer y asombrarse: «¿Qué Dios hay como Tú?» (v. 18).
Buena parte de los términos empleados en este breve himno final —resto, heredad, fidelidad, etc.—, ya han aparecido a lo largo del libro y son aquí recapitulados. Pero su significación se prolonga si consideramos cómo se retoman las palabras de Miqueas en el Benedictus de Zacarías. Allí se resume bien la esperanza de siglos del pueblo de Dios en la venida del Mesías, y su lectura puede reavivar la nuestra a la espera de la venida definitiva del Señor: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha suscitado para nosotros el poder salvador en la casa de David, su siervo, como lo había anunciado desde antiguo por boca de sus santos profetas» (Lc 1,68-70).